Pastoral de la Salud


 La Pastoral de la Salud es la acción de todo el pueblo de Dios, comprometido en promover, cuidar, defender celebrar la vida, haciendo presente la Misión Salvífica y Sanadora de Cristo en el mundo de la salud. “Es la respuesta a los grandes interrogantes de la vida, como son el sufrimiento y la muerte, a la luz de la muerte y resurrección del Señor" (Aparecida 418).


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2018


Mater Ecclesiae: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre.

Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27)


Queridos hermanos y hermanas:


La Iglesia debe servir siempre a los enfermos y a los que cuidan de ellos con renovado vigor, en fidelidad al mandato del Señor (cf. Lc 9,2-6; Mt 10,1-8; Mc 6,7-13), siguiendo el ejemplo muy elocuente de su Fundador y Maestro.


Este año, el tema de la Jornada del Enfermo se inspira en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a Juan: «Ahí tienes a tu hijo... Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27).

1. Estas palabras del Señor iluminan profundamente el misterio de la Cruz. Esta no representa una tragedia sin esperanza, sino que es el lugar donde Jesús muestra su gloria y deja sus últimas voluntades de amor, que se convierten en las reglas constitutivas de la comunidad cristiana y de la vida de todo discípulo.


En primer lugar, las palabras de Jesús son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. Ella será la madre de los discípulos de su Hijo y cuidará de ellos y de su camino. Y sabemos que el cuidado materno de un hijo o de una hija incluye todos los aspectos de su educación, tanto los materiales como los espirituales.


El dolor indescriptible de la cruz traspasa el alma de María (cf. Lc 2,35), pero no la paraliza. Al contrario, como Madre del Señor comienza para ella un nuevo camino de entrega. En la cruz, Jesús se preocupa por la Iglesia y por la humanidad entera, y María está llamada a compartir esa misma preocupación. Los Hechos de los Apóstoles, al describir la gran efusión del Espíritu Santo en Pentecostés, nos muestran que María comenzó su misión en la primera comunidad de la Iglesia. Una tarea que no se acaba nunca.


2. El discípulo Juan, el discípulo amado, representa a la Iglesia, pueblo mesiánico. Él debe reconocer a María como su propia madre. Y al reconocerla, está llamado a acogerla, a contemplar en ella el modelo del discipulado y también la vocación materna que Jesús le ha confiado, con las inquietudes y los planes que conlleva: la Madre que ama y genera a hijos capaces de amar según el mandato de Jesús. Por lo tanto, la vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos, se transmite a Juan y a toda la Iglesia. Toda la comunidad de los discípulos está involucrada en la vocación materna de María.


3. Juan, como discípulo que lo compartió todo con Jesús, sabe que el Maestro quiere conducir a todos los hombres al encuentro con el Padre. Nos enseña cómo Jesús encontró a muchas personas enfermas en el espíritu, porque estaban llenas de orgullo (cf. Jn 8,31-39) y enfermas en el cuerpo (cf. Jn 5,6). A todas les dio misericordia y perdón, y a los enfermos también curación física, un signo de la vida abundante del Reino, donde se enjuga cada lágrima. Al igual que María, los discípulos están llamados a cuidar unos de otros, pero no exclusivamente. Saben que el corazón de Jesús está abierto a todos, sin excepción. Hay que proclamar el Evangelio del Reino a todos, y la caridad de los cristianos se ha de dirigir a todos los necesitados, simplemente porque son personas, hijos de Dios.


4. Esta vocación materna de la Iglesia hacia los necesitados y los enfermos se ha concretado, en su historia bimilenaria, en una rica serie de iniciativas en favor de los enfermos. Esta historia de dedicación no se debe olvidar. Continúa hoy en todo el mundo. En los países donde existen sistemas sanitarios públicos y adecuados, el trabajo de las congregaciones católicas, de las diócesis y de sus hospitales, además de proporcionar una atención médica de calidad, trata de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de realizar la investigación científica en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos. En los países donde los sistemas sanitarios son inadecuados o inexistentes, la Iglesia trabaja para ofrecer a la gente la mejor atención sanitaria posible, para eliminar la mortalidad infantil y erradicar algunas enfermedades generalizadas. En todas partes trata de cuidar, incluso cuando no puede sanar. La imagen de la Iglesia como un «hospital de campaña», que acoge a todos los heridos por la vida, es una realidad muy concreta, porque en algunas partes del mundo, sólo los hospitales de los misioneros y las diócesis brindan la atención necesaria a la población.


5. La memoria de la larga historia de servicio a los enfermos es motivo de alegría para la comunidad cristiana y especialmente para aquellos que realizan ese servicio en la actualidad. Sin embargo, hace falta mirar al pasado sobre todo para dejarse enriquecer por el mismo. De él debemos aprender: la generosidad hasta el sacrificio total de muchos fundadores de institutos al servicio de los enfermos; la creatividad, impulsada por la caridad, de muchas iniciativas emprendidas a lo largo de los siglos; el compromiso en la investigación científica, para proporcionar a los enfermos una atención innovadora y fiable. Este legado del pasado ayuda a proyectar bien el futuro. Por ejemplo, ayuda a preservar los hospitales católicos del riesgo del «empresarialismo», que en todo el mundo intenta que la atención médica caiga en el ámbito del mercado y termine descartando a los pobres.


La inteligencia organizacional y la caridad requieren más bien que se respete a la persona enferma en su dignidad y se la ponga siempre en el centro del proceso de la curación. Estas deben ser las orientaciones también de los cristianos que trabajan en las estructuras públicas y que, por su servicio, están llamados a dar un buen testimonio del Evangelio.


6. Jesús entregó a la Iglesia su poder de curar: «A los que crean, les acompañarán estos signos: […] impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos» (Mc 16,17-18). En los Hechos de los Apóstoles, leemos la descripción de las curaciones realizadas por Pedro (cf. Hch 3,4-8)y Pablo (cf. Hch 14,8-11). La tarea de la Iglesia, que sabe que debe mirar a los enfermos con la misma mirada llena de ternura y compasión que su Señor, responde a este don de Jesús. La pastoral de la salud sigue siendo, y siempre será, una misión necesaria y esencial que hay que vivir con renovado ímpetu tanto en las comunidades parroquiales como en los centros de atención más excelentes. No podemos olvidar la ternura y la perseverancia con las que muchas familias acompañan a sus hijos, padres y familiares, enfermos crónicos o discapacitados graves. La atención brindada en la familia es un testimonio extraordinario de amor por la persona humana que hay que respaldar con un reconocimiento adecuado y con unas políticas apropiadas. Por lo tanto, médicos y enfermeros, sacerdotes, consagrados y voluntarios, familiares y todos aquellos que se comprometen en el cuidado de los enfermos, participan en esta misión eclesial. Se trata de una responsabilidad compartida que enriquece el valor del servicio diario de cada uno.


7. A María, Madre de la ternura, queremos confiarle todos los enfermos en el cuerpo y en el espíritu, para que los sostenga en la esperanza. Le pedimos también que nos ayude a acoger a nuestros hermanos enfermos. La Iglesia sabe que necesita una gracia especial para estar a la altura de su servicio evangélico de atención a los enfermos. Por lo tanto, la oración a la Madre del Señor nos ve unidos en una súplica insistente, para que cada miembro de la Iglesia viva con amor la vocación al servicio de la vida y de la salud. La Virgen María interceda por esta XXVI Jornada Mundial del Enfermo, ayude a las personas enfermas a vivir su sufrimiento en comunión con el Señor Jesús y apoye a quienes cuidan de ellas. A todos, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 26 de noviembre de 2017.


Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.


Francisco


PASTORAL DE LA SALUD NACIONAL

Conferencia Episcopal de Colombia

Secretariado Nacional de Pastoral Social

El Equipo Nacional promueve:

  • Asesoría y conformación de las delegaciones diocesanas. Organización y estructuración de la pastoral de la salud en las diócesis   
  • Asesoría y conformación de los grupos parroquiales  
  • Encuentros regionales de delegados diocesanos  
  • Formación permanente a los agentes de pastoral de salud: cursos, talleres, jornadas  
  • Encuentro Equipo Nacional de Pastoral de la Salud  
  • Seguimiento y asesoría a los procesos

PASTORAL DE LA SALUD EN LA ARQUIDIÓCESIS DE BOGOTÁ

La Delegación Arquidiocesana de Pastoral de la Salud promueve:

  •  Conformación y asesoría de las Comisiones Vicariales  
  • Conformación y asesoría de los Grupos Parroquiales de Pastoral de la Salud
  •  Encuentros de coordinadores vicariales 
  • Encuentros de coordinadores parroquiales de pastoral de la salud 
  •  Formación permanente: cursos, talleres, jornadas de reflexión, retiros espirituales 
  •  Seguimiento y asesoría a los procesos
FORMACIÓN EN PASTORAL DE LA SALUD

La transformación de la sociedad y la aparición de nuevas necesidades interpelan a la Iglesia y a la pastoral de la salud a buscar métodos de formación adecuados a las exigencias de los tiempos. No basta con la buena voluntad.

Es necesario implementar una formación renovada y actualizada en sus métodos, expresiones y contenidos. Una formación que tiene sus raíces más profundas en el Evangelio, brota del encuentro con la persona de Jesucristo y se traduce en una experiencia de conversión, en una vida de comunión para crear solidaridad con los más débiles.


“Ser discípulo misionero hoy requiere una clara y decidida opción por la formación” (Aparecida 276) 
 “Sin un itinerario formativo no habrá creatividad y valentía para realizar nuestra misión evangelizadora” (Aparecida 287)


Objetivos

  • Ofrecer una formación básica a las personas que desean comprometerse en el cuidado y defensa de la vida, en el servicio a los que sufren, en la promoción y educación de la salud y en el reconocimiento y defensa de los derechos de los enfermos. 
  •  Cualificar el servicio de los agentes de pastoral y fortalecer su compromiso como discípulos misioneros para que puedan realizar su misión con competencia y calidad.
CURSOS DE PASTORAL DE LA SALUD

  • Taller “Discípulos misioneros en el mundo de la salud” 
  • Pastoral de la Salud, Pastoral de la Vida 
  • Pastoral de la Salud y nueva evangelización 
  • Envejecer, un camino que se prepara 
  • Encuentros intergeneracionales 
  • Acompañamiento a las personas ancianas, familiares y cuidadores
  • Acompañamiento al enfermo y su familia al final de la vida
  • Acompañamiento al enfermo de Alzheimer y su familia 
  • Liderazgo en Pastoral de la Salud  
  • Aprender a escuchar 
  • Acompañamiento a las personas que viven pérdidas y duelos 
  • Iniciación al diálogo y a la relación de ayuda 
  • Acompañamiento espiritual a enfermos, familiares y personal en las instituciones de salud